La brigada municipal de obras ha paralizado los trabajos de pavimentación en la calle Mayor ante la insolubilidad emocional del hormigón. Las altas temperaturas registradas este domingo han provocado que la mezcla pase de estado líquido a sólido en apenas tres minutos, impidiendo que los operarios puedan darle la forma necesaria para el correcto desagüe de las lluvias. Ante la falta de aditivos químicos eficaces, el consistorio ha decidido buscar soluciones urgentes en la psicología aplicada de materiales.
El fracaso de la hidratación convencional
El capataz de la obra ha confirmado que ni el riego constante ni el uso de sombrillas de playa sobre las zanjas han servido para calmar el fraguado. Los técnicos aseguran que el árido se siente estresado por el sol directo y reacciona cerrándose en banda, convirtiéndose en una roca impenetrable antes de que se pueda pasar el rastrillo. Se requiere la intervención de un susurrador de áridos profesional que sepa aplicar técnicas de relajación verbal a la masa en pleno proceso de endurecimiento.
El cemento no es sordo, solo necesita que le expliquen que su destino no es ser un bloque inerte, sino un camino suave para el paso de los tractores.
Un perfil con sensibilidad mineral
Los aspirantes al puesto deberán demostrar experiencia en el manejo de gravas sensibles y poseer un tono de voz barítono que vibre en la misma frecuencia que el silicato de calcio. El trabajo consistirá en sentarse al borde de la hormigonera para susurrarle al producto palabras de aliento y cantarle nanas rústicas, manteniendo así la ductilidad hasta que el termómetro dé un respiro. De no encontrarse un mediador, el Ayuntamiento dejará las herramientas atrapadas en el suelo para convertir la calle en una instalación de arte contemporáneo.

